¿Por qué el feminismo NO busca igualdad?

¿Por qué el feminismo NO BUSCA IGUALDAD?

El feminismo no busca igualdad, aunque es común que cuando se busque en internet “¿qué busca el feminismo?” los primeros resultados con los que nos encontremos siempre sea la palabra “Igualdad”, justificada de diversas formas. Esto ha creado una confusión enorme entre quienes comienzan a adentrarse en este mundo, quienes se han puesto a investigar por encima sobre lo que es el feminismo. También ha causado que cientos de detractores del feminismo pretendan utilizar este pseudo argumento para invalidar posturas feministas, diciendo cosas como “las feministas de verdad buscan igualdad”.

Es hora de comenzar a aclarar, difundir y maximizar el mensaje de que el feminismo NO busca igualdad.

¿Por qué el feminismo NO BUSCA IGUALDAD?

Empecemos definiendo el término “igualdad”. Que según la tan feminista (obvio no es feminista, sólo es sarcasmo) RAE, significa:

Definición de igualdad por la RAE

Bien, como vemos, igualdad es equiparación, es decir que algo es igual, que tiene las mismas características si se compara con otro u otros. Y quiere poseer esas mismas características. Una vez que se hacen las acciones oportunas son IGUALES/SEMEJANTES/EQUIVALENTES.

Por lo tanto, según varias definiciones básicas, el feminismo pediría la semejanza y equivalencia de derechos y obligaciones en todas las situaciones de la vida.

Pero hay un enorme problema con esto… y es que:

Hombres y mujeres NO somos iguales

No tenemos las mismas características, ni físicas, ni biológicas, ni sociales, ni culturales y ni siquiera las mismas necesidades.

El feminismo NO busca la “igualdad entre hombres y mujeres”. No queremos ser iguales puesto que no aspiramos a las mismas condiciones impuestas por la masculinidad tóxica. El feminismo busca la emancipación de las mujeres y transformar por completo nuestra forma de vivir.

Para transformar por completo hay que abolir el patriarcado (y todo lo que ello implica). La idea de ser “iguales” es una idea que debemos superar dado que es una postura cómoda que ha derivado en el techo de cristal y otras formas de mantener al género como sistema de opresión.

No queremos ser “iguales” a los hombres.

En primera, porque ellos no son ningún estándar de vida ni nada similar. En segunda, porque todo el modelo patriarcal que los engloba a ellos, ¡ESTÁ MAL!

  • Los hombres no lloran, deben aguantarse porque sino son débiles
  • Tienen que ser el sostén económico de la familia 
  • Deben ser insensibles porque “llorar es de niñas”, “que sean sentimentales es de gays” y muchas más cosas absurdas.
  • Deben ser fuertes
  • Deben “ir a la guerra” por el simple hecho de ser hombres.
  • Deben ser masculinos, porque qué raro que le gusten las flores, las fragancias dulces, el color rosa y más cosas “de niñas”.

El sistema por el que se han regido está totalmente erróneo; y es claro que NO QUEREMOS ESO en nuestras vidas, no son ningún estándar al que aspiramos. 

La emancipación del sistema patriarcal NO se va a lograr pidiendo “ser iguales”.

Las mujeres estamos hartas de ser juzgadas y criticadas por la manera en que nos vestimos o comportamos. Por la forma en la que hablamos o trabajamos. Cansadas de que nuestra palabra valga menos o nada, cansadas de la desigualdad, de cobrar menos, de trabajar más.

Estamos hartas de empleos informales y precarios, de los techos de cristal, de tener que demostrar nuestra capacidad, nuestras habilidades, nuestra seguridad. Cansadas de que nos maten, de que nos acosen, de que nos violen. Todas estas son situaciones por las que si bien los varones pueden pasar, lo hacen en menor medida, en mucha menor medida, y eso es suficiente para que no pidamos buscar “igualdad” con ellos.

Y no hemos abordado todavía nuestro derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra maternidad. Nuestra manera de vivir la sexualidad, nuestra identidad. Tampoco las cosas del día a día como tener miedo a caminar solas, a que no respeten nuestro “no”, a ser tratadas como trofeos o desechos, a que nos cosifiquen o hipersexualicen, a que nos consideren el sexo débil y culpabilicen en los casos de violencia de género y sexual, a que nos intenten controlar, acallar, someter, a que nos piropeen por la calle como si fuésemos un objeto que admirar o poseer…

Pero entonces, ¿por qué se sigue creyendo que el feminismo busca igualdad?

El concepto de igualdad de género se ha asumido como un término enmarcado en los contextos occidentales surgidos a partir del feminismo de la igualdad (nacido en el seno de las reivindicaciones de las mujeres sufragistas europeas y estadounidenses).

En este contexto, se ha considerado que el concepto “igualdad de género” tiene un enclave histórico, cultural y político que no puede extrapolarse a las realidades plurales y globales de las mujeres. Es decir, si bien este concepto ha sido de especial utilidad y de gran relevancia en el pasado, ya no lo es en la actualidad. Como bien sabemos, todo evoluciona, todo cambia, todo se modifica. Las necesidades y objetivos actuales del feminismo NO son ni parecidos a los objetivos que nuestras ancestras feministas tenían. 

En conclusión:

El feminismo NO busca igualdad, ni siquiera equidad. El feminismo busca la emancipación de la mujer del sistema patriarcal.