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Feminismo

El patriarcado inicia desde la secundaria. Aprende a identificarlo.

Desde la espera de un bebé se instauran las expectativas que moldearán al futuro humano, dependiendo del sexo con el que se nazca, la crianza estará dedicada a ese molde, hecho por y para la sociedad, de acuerdo con la conveniencia que esta tenga.

Durante la infancia, en la primaria se observa cómo más del 70% del patio en recesos es ocupado por varones jugando en la mayoría de las ocasiones, futbol; si la pelota cae, pega o molesta a las niñas, no existe mayor llamada de atención. Pero si la niña se acerca al área de juego o camina cerca, será culpada y castigada por no permanecer donde pertenece: a los rincones que ha sido delegada para la comodidad de quien aparentemente merece esos espacios, la quietud y ternura que a los ojos del entorno, debe pertenecer. Ni hablar de correr, jugar, brincar, ensuciarse o sentarse cómodamente con los uniformes designados a las niñas: una falda que no se permite cambiar aún en invierno, que limita el movimiento y la libertad, además del curioso nacimiento del pudor y la vergüenza del propio cuerpo, pues deben ser cuidadosas de no “mostrar” la ropa interior, o ser tocadas “jugando”.

De a poco llega la pubertad y el ingreso a secundaria, donde algunas niñas comienzan a desarrollarse de manera temprana, siendo objetivo de burlas y apodos que marcan el concepto de su cuerpo por años, incluso hasta la adultez. A la vez, las niñas que no comienzan este desarrollo o que son muy delgadas, son señaladas a sabiendas de que no hay manera en que esto cambie por voluntad propia. Estos señalamientos por tener o no rasgos de mujeres adultas, resultan en un cambio de la perspectiva y objetivos. Es preocupante ver a las niñas desde los 10 años desear tener pechos o trasero prominentes, curvas y comportamiento que solo se verían en una mujer adulta.

Pero ¿por qué se exigen características de mujeres adultas y al hablar de menstruación las niñas y adolescentes son silenciadas y obligadas a ocultarlo? ¿Será que esto no beneficia ni complace al ojo patriarcal, que mira con desdén este momento?

Y a estas alturas, tal vez debamos preguntarnos, ¿por qué los niños desde antes de los 12 años se encuentran ávidos de características sexuales en sus compañeras?, tal vez pensaría en el consumo temprano de contenido sexual en internet, revistas, la educación en casa, las amistades mayores, el lenguaje y la educación sexual… Pero si miramos al propio espacio de aquellos varones, sufriendo de la presión social y siendo educados en un camino que parece obligatorio, aquel camino de la masculinidad que cosifica, maltrata y exige, no podemos responsabilizar a aquellos pequeños humanos en desarrollo, sino a los adultos que olvidan educar a través del respeto, que ocultan información sexual y refuerzan estereotipos añejos sobre el género, sexualidad, erotismo y el propio crecimiento.

Si bien la educación y contexto de cada niño permitirá que esta masculinidad se instaure con mayor o menor fuerza, es complicado que salgan libres de esta mirada precoz. Además, cuando el varón no encaja en el molde al que sus camaradas estarían acoplándose desde la pubertad, se arriesga al aislamiento e incluso maltrato físico o verbal, en la mayoría de las ocasiones bajo el cuestionamiento de su orientación sexual, que si bien, se el varón en cuestión se encuentra en el espectro LGBTI+, no solo estaría padeciendo discriminación, sino que se verá obligado a fingir en múltiples niveles algo que no desea ser ni hacer.

Ahora, en la secundaria, donde todos los adolescentes están desarrollando ideas, cuerpos y descubriendo cada día todo ello, encontramos que la mirada constante y ansiosa se posa sobre los cuerpos femeninos, de adolescentes (niñas), que se ven obligadas a entrar en un prototipo hecho específicamente para complacer al varón. Este molde, forjado en hormas de pornografía, cosificación y objetivización de un cuerpo infantil, que obliga a nuestras niñas a buscar el reconocimiento y aprobación siendo hipersexualizadas, acosadas y al mismo tiempo, culpadas por el acoso y abuso que lleguen a padecer, es una muestra de las expectativas que dentro de la educación patriarcal, se tendrán que cumplir hasta el último día.

Es importante agregar la competencia malsana que probablemente se ha instaurado desde la infancia entre las niñas, tal vez desde el cumplimiento de la feminidad temprana, la popularidad reforzada por los adultos o la belleza hegemónica que se les exige. Esta misma competencia evoluciona y se vuelve peligrosa en la secundaria, donde no solo persisten los conceptos antes mencionados, se agregan aquellos donde la popularidad entre las y los compañeros, la belleza física (rostro, curvas, senos, caderas, trasero y delgadez), los talentos, maquillaje, la manera en que se usa el uniforme, peinado, gustos musicales, competencia por un varón, deseo de los varones hacia ellas, entre otros. ¿No deberían de enfocarse en disfrutar este proceso de crecimiento? ¿Por qué vemos a las niñas pelear, insultarse o realizar conductas de las que no están plenamente convencidas?; desafortunadamente, sin la intervención de conceptos propios de los feminismos como la sororidad y acompañamiento, esta contienda puede seguir hasta la adultez.

Siguiendo por la línea de la hipersexualización en las y los adolescentes, si los jóvenes, en la interacción con las chicas buscan ver bajo las faldas, a través de las blusas, sentir el sostén que usan, calificar sus cuerpos, tocarlas sin consentimiento u obligarlas a tener encuentros sexuales, la escuela, directivos, padres y los mismos alumnos, las culparán bajo cualquier pretexto: el largo de sus faldas, lo ajustado del uniforme, el maquillaje, comportamiento y hasta la música que escuchan. En la otra mano, si la adolescente no tiene el desarrollo físico que buscan, es despreciada, burlada y de nuevo, culpada en casos de cualquier tipo de violencia.

El ámbito masculino…

Observamos que desde la estatura, el desarrollo de músculos y vello corporal, el cambio de voz, y el tamaño del pene los jóvenes comienzan a presionarse. En este sentido, comienzan un ritual complejo de comparación de fuerza, uso de la misma o muestra de poder, en este caso el poder puede ser mostrado a través de las conquistas que realicen o el éxito en deportes; a todo ello debemos sumar la capacidad adquisitiva, ropa, estilo que cada varón tenga.

Al juntar esta constante lucha de poder y la hipersexualización de las y los jóvenes, la sexualidad se convierte en algo que “hay que apresurar”, desafortunadamente en la mayoría de las ocasiones no lo hacen como exploración sino como un suceso que les proporcionará estatus entre los congéneres, pero si a ello sumamos la casi nula educación sexual, la cosificación y el deseo exacerbado de los adolescentes, además de factores innumerables del contexto sociocultural, tenemos como resultado los embarazos a temprana edad, familias de niños criando niños y futuros inciertos para cada uno. Pero el embarazo adolescente viene en otro tema.

¿Qué sucede con los jóvenes LGBTI+? Afortunadamente los tiempos están cambiando, con ello, las ideas y el acceso a la información. Es por ello que los y las adolescentes se sienten en mayor libertad de vivir su orientación sexual y expresión de género de la manera que les plazca. Aunque no todo es un cuento de hadas, pues las familias o los mismos colegios estarían limitando su forma de hablar, vestir, o relacionarse, obligándoles a pertenecer y cumplir los roles de género, regresándoles al ciclo de obligatoriedad/pertenencia/aislamiento que antes mencioné.

Finalmente, esto es solo una ligera y breve mención sobre aquellos sucesos y factores que motivan a las y los adolescentes que se encuentran en secundaria, mi objetivo, con todo esto es resaltar la importancia de cuestionar qué educación podemos brindarles, qué conceptos e ideas merecen permanecer o ser anuladas y sobretodo, recordar que es nuestro deber escucharles, acompañarles y también aprender de lo que tienen que decirnos.

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Redactado y publicado por:

Soy Karen Martínez, psicóloga y humana muy curiosa. Tengo 28 años, vivo en la Ciudad de México y me encanta el terror, el color negro y todas las cosas rosas, también me gusta hablar abierta y directamente sobre cualquier tema.
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La "virginidad" no existe; es solo una construcción social producto de la religión.

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