¿De qué va el trend “Ojitos Mentirosos”?
En TikTok y otras redes sociales comenzó a circular un reto que rápidamente se volvió viral: el trend de Ojitos Mentirosos. Jóvenes, en su mayoría adolescentes, se maquillan como payasos tristes: base blanca mal aplicada, nariz roja, lágrimas pintadas, estrellas o figuras geométricas corridas alrededor de los ojos. Después se graban en calles, mercados, camiones o barrios populares mientras de fondo suena la canción Ojitos Mentirosos, una cumbia de los noventa que habla de un amor engañoso.
A primera vista parece inofensivo: un maquillaje llamativo, una canción pegajosa y la intención de “verse cool” o “aesthetic”. Pero si lo miramos de cerca, este trend no nació de la nada. La estética del payaso triste viene directamente de la película Chicuarotes (Gael García Bernal, 2019), que retrata la vida de dos jóvenes en situación de pobreza que sobreviven en la Ciudad de México entre carencias, discriminación y violencia estructural.
Lo que en la película era un retrato crudo de la desigualdad, en TikTok se convirtió en un disfraz trendy. Y ahí empieza el problema.
Cuando la pobreza se convierte en filtro
El trend usa escenarios que no son casualidad: calles deterioradas, microbuses verdes y blancos de la CDMX, mercados ambulantes, barrios periféricos. Eso no es un invento creativo, es la representación directa de espacios marcados por la precariedad y la exclusión.
Pero en lugar de mostrar estas realidades con un sentido de denuncia o reflexión, la tendencia las convierte en escenografía. En una estética cool para redes sociales. En un “accesorio visual” que no incomoda a nadie, pero que al mismo tiempo vacía el mensaje original: que esos maquillajes y escenarios hablan de pobreza, dolor y falta de oportunidades.
La pregunta incómoda es: ¿qué pasa cuando millones reproducen esta estética sin saber de dónde viene, sin preguntarse qué significa?
La pornomiseria: explotar la pobreza para entretener
Existe un concepto académico y político para esto: pornomiseria.
La pornomiseria es cuando la pobreza se convierte en espectáculo para entretener a las clases más privilegiadas. Es usar la miseria como recurso visual, como algo que da morbo, nostalgia o “realismo crudo”, pero sin ningún tipo de denuncia ni análisis.
La pornomiseria es un término que surgió en Colombia en los años 70 para criticar cómo el cine y los medios de comunicación explotaban la pobreza y la miseria como espectáculo, con el fin de provocar morbo o conmoción en el público, sin intención real de denunciar ni transformar esas realidades. El término fue acuñado por el cineasta Luis Ospina y el colectivo Caliwood, como crítica a documentales que mostraban la precariedad de forma sensacionalista para obtener premios y reconocimiento internacional.
Aunque suena similar, no tiene relación directa con la pornografía: la palabra se usa como metáfora. Así como la pornografía expone el cuerpo para el consumo visual, la pornomiseria expone la miseria para el consumo de espectadores privilegiados. En ambos casos, lo mostrado se vacía de dignidad y se convierte en objeto de consumo, sin contexto ni profundidad.
Y eso es justo lo que pasa con el trend de Ojitos Mentirosos. Miles de personas se maquillan, se graban en barrios populares, ponen la canción de fondo y suben el video. Fin. No hay crítica social, no hay reflexión, no hay nada que cuestione la desigualdad. Solo un disfraz barato para likes.
En otras palabras: la vida real de millones de personas en situación de pobreza se reduce a contenido viral.
El peligro de convertir la desigualdad en entretenimiento
El problema de la pornomiseria no es solo la falta de denuncia, sino las consecuencias culturales que genera:
- Despolitiza la pobreza: ya no se ve como un problema estructural, sino como un look para redes.
- Exotiza la miseria: transforma el sufrimiento en “aesthetic” para quienes jamás tendrán que vivirlo.
- Refuerza estereotipos: perpetúa la idea de que lo popular y lo marginal existen solo como escenografía.
- Vacía la memoria colectiva: borra el trasfondo político y lo sustituye por likes y algoritmos.
Esto no es nuevo. Ha pasado antes con películas, con fotografías de barrios pobres, con la romantización de “lo marginal” en la música. Lo nuevo es que hoy, con TikTok, cualquiera puede apropiarse de esa estética y reproducirla sin pensar en lo que significa.
¿Qué significa realmente maquillarse como payaso?
En Chicuarotes, los personajes se pintan como payasos porque necesitan sobrevivir. El maquillaje no es estético, es una máscara de dolor y precariedad. Es el símbolo de la burla social, de la marginación, de la desesperación.
Pero en el trend se ignora todo eso. El maquillaje se vuelve un disfraz vacío, un “reto viral” que muchos hacen sin siquiera haber visto la película o entender el contexto. Así, lo que para unos es memoria de desigualdad, para otros es solo un maquillaje más.
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Responsabilidad en la era de los trends
Las redes sociales han normalizado el consumo rápido de imágenes y estéticas sin preguntarnos qué hay detrás. Pero cuando se trata de desigualdad, no es lo mismo que imitar un baile o un meme. Aquí hablamos de realidades que millones enfrentan día a día.
El trend de Ojitos Mentirosos es un ejemplo perfecto de cómo se puede banalizar la pobreza hasta volverla moda. Y ahí es donde tenemos que poner un alto: la pobreza no es un filtro, no es un disfraz, no es un accesorio para videos virales.
Entonces, ¿qué hacemos?
- Cuestionar: antes de reproducir un trend, preguntarnos de dónde viene y qué significa.
- Denunciar: usar las redes para visibilizar la desigualdad, no para maquillarla.
- Dejar de romantizar: entender que la miseria no es estética, es una realidad que duele.
- Asumir responsabilidad: como creadores de contenido, tenemos el poder de amplificar o trivializar las luchas.
Conclusión
El trend Ojitos Mentirosos no es solo un juego de maquillaje y música. Es un ejemplo claro de pornomiseria digital: transformar la precariedad en entretenimiento vacío.
Mientras sigamos consumiendo la pobreza como filtro viral, estaremos contribuyendo a normalizar la indiferencia. Porque al final, cuando cierras TikTok, puedes quitarte el maquillaje y volver a tu vida cotidiana. Pero millones no pueden quitarse la precariedad de encima.
👉 La próxima vez que veas a alguien replicando este trend, pregúntate: ¿está mostrando una realidad para denunciarla o solo está usando la pobreza como disfraz? Esa diferencia lo cambia todo.
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